ca. 9.000 - 1.700 a.C.

Período Arcaico

El período Arcaico corresponde a sociedades cuya subsistencia se basó en la caza y la recolección. En la costa, desarrollaron tecnologías para capturar mamíferos y aves, como también otros recursos marinos y del litoral. Asimismo, obtuvieron moluscos y vegetales cercanos al mar y a las desembocaduras de los ríos. En las tierras altas –a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar- los cazadores aprovecharon las especies de camélidos, tarucas (venado andino), aves y roedores. Además, complementaron su dieta con recursos vegetales de su entorno. A través del tiempo, estos grupos humanos desarrollaron diversas tecnologías especializadas para la obtención de su alimento, vestuario y abrigo; también, intensificaron el poblamiento del área con una aparente concentración costera. A la vez que modificaron su modelo de asentamiento, se complejizaron las interacciones sociales; con ello, emergieron tradiciones cada vez más diferenciadas tanto en la costa como en las tierras altas.

 1.700/ 1.400 a.C. y 300/500 d.C.

Periodo Formativo

En la transición hacia el período Formativo ocurrieron importantes cambios en las sociedades cazadoras recolectoras, si bien no abandonaron sus prácticas, orientaron su economía hacia la producción de alimentos. En términos generales, hoy se observan cambios en el patrón de asentamiento, en los tipos de enterratorios, así como en su sistema ideológico que evidencia el surgimiento de una compleja iconografía. Si bien en tierras altas las características anteriores son casi inexistentes respecto del período Arcaico. En cambio, en la costa se observan las mayores transformaciones relacionadas con procesos de "neolitización", tales como, mayor sedentarismo, intensificación de la agricultura, desarrollo de las producciones cerámicas, textiles y metalúrgicas. Mientras el litoral siguió ocupado, las poblaciones parecieron privilegiar el interior de los valles. Las evidencias foráneas indican que éstas se vieron insertas en importantes redes de interacción con grupos de otras regiones.

 ca. 300/500 - 900/1.100 d.C.

Periodo Medio

El período Medio o de influencia Tiwanaku -desarrollo cultural cuyo origen se sitúa en el margen sur de la cuenca del lago Titicaca- genera el mayor problema de definición de la ‘secuencia cronológica regional’, pues no existe consenso sobre el carácter de su incidencia sobre las poblaciones locales. Sin embargo, en la actualidad se acepta que su preponderancia dependió de las relaciones específicas establecidas con cada grupo social. En los valles del norte de Chile, lo anterior se evidencia en la iconografía de cerámicas, textiles, artefactos de madera y arte rupestre. No obstante lo anterior, aún no existen pruebas de este período en las tierras altas; además, hallazgos recientes en la costa harán variar estas interpretaciones.

 ca. 900/1.200- 1.430 d.C.

Periodo Intermedio Tardío

El período Intermedio Tardío se caracterizó por su riqueza y el florecimiento de los desarrollos locales en costa, valles y tierras altas. Se ha observado, además, un importante crecimiento demográfico asociado a la propagación de cementerios y grandes aldeas situadas sobre flancos y laderas de cerros. En las zonas bajas a este segmento se le denomina “cultura Arica” y demuestra una particular profusión iconográfica en su cerámica y textiles, semejante a lo ocurrido en los valles del sur del Perú. En tierras altas, se ubicaron grandes aldeas y ‘pukaras’ (fortalezas) que contribuyeron al desarrollo agrícola incrementando la producción para almacenamiento; además, manejaron recursos naturales estratégicos, tales como, cursos de ríos, tierras fértiles, entre otros. Asimismo, se ha identificado evidencia de la “cultura Arica”, restos atribuidos a la “cultura Charcollo”, originaria de esta zona, así como una fuerte interacción con los desarrollos altiplánicos post Tiwanaku. Muchos productos alimentarios y rituales de este período se insertaron en importantes redes de intercambio que se movilizaron en caravanas de camélidos. Gran parte de las representaciones de los geoglifos de los valles de Lluta y Azapa son un ejemplo de ello, si bien no se descarta que algunos puedan ser más antiguos.

 1.400- 1.535 d.C.

Periodo Tardío

El período Tardío o Incaico marca una importante transformación para las poblaciones locales. Aunque éstas mantuvieron sus estructuras sociopolíticas y económicas, se integraron a los intereses del Tawantinsuyu, lo cual se manifiesta en los restos materiales e iconográficos hallados. Los asentamientos y las redes viales incaicas en la región dan cuenta del interés político por incorporar este territorio al imperio. No obstante, no se trató de una anexión violenta, sino que parece haber respetado las estructuras sociales vigentes, estableciendo estrategias de interacción con las poblaciones locales (alianzas matrimoniales, fuerza de trabajo, tributos, entre otros).

 1532 – 1810 d.C

Período Colonial

La “conquista española” provocó la desarticulación del imperio Inca y la disminución demográfica de las poblaciones locales. Se observa que los cambios económicos y socioculturales en los modos de vida ancestrales están asociados a conflictos interétnicos, epidemias, desplazamientos forzados de población y tributos a la administración, entre otros mecanismos de control e implementación del poder colonial. Como resultado de estos procesos, el período vio nacer nuevas formas de organización e identidades locales que persisten –con transformaciones- hasta nuestros días.

 1810 – al presente.

Período Contemporáneo

Luego de la conformación de las repúblicas latinoamericanas, en el siglo XIX, las poblaciones indígenas se integraron a los procesos de modernización. En la región norte de Chile, éstas se vincularon a los circuitos económicos capitalistas. A modo de ejemplo, en la industria del salitre participaron como mano de obra para la extracción del mineral y abasteciendo con productos agrícolas y ganaderos. A mediados del siglo XX, se observa una masiva migración indígena desde la cordillera hacia las ciudades costeras. No obstante este proceso, las poblaciones mantienen “vínculos translocales” materializados en una ‘movilidad rural-urbana’, así como en relaciones sociales, económicas e identitarias con sus pueblos de origen.